Jehová-Jireh

Es importante que todo cristiano conozca cada día más a aquel en quien ha creído, a Jesucristo, el Rey de reyes  y Señor de señores. La mejor forma de lograr esto es a través de las Sagradas Escrituras, ya que ellas son las que dan testimonio de Jesús (Lea S. Juan 5:39).

Nos ha tocado vivir en los postreros días, y para que se cumpla la Palabra de Dios, hoy, más que nunca antes en la historia, se están levantando falsos profetas y falsos maestros, quienes enseñando doctrinas de demonios, tuercen las Escrituras y guían a la Iglesia del Señor a vivir un evangelio muy diferente al que Cristo enseñó (Lea 2 Pedro 2:1-3).

Una de esas doctrinas de demonios es el falso evangelio de la prosperidad, cuyo punto medular es la enseñanza de que todo cristiano debe ser rico, porque de lo contrario está bajo maldición.

El objetivo de este mensaje bíblico es determinar, por medio de la Santa Biblia, si esto tiene fundamento en lo que Dios establece en su Palabra. ¿Será que Dios debe hacer económicamente rica a toda persona que ha aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador? ¿Será que si tú y yo nos estamos esforzando por guardarnos en Santidad para el Señor y nos viene una prueba económica necesariamente signifique que estemos en pecado o bajo maldición? ¿Estará obligado Dios a darnos absolutamente todo lo que le pidamos? Para responder estas interrogantes, vamos a la Bendita y Poderosa Palabra de Jehová Dios:

Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
(Génesis 22:1-3)

Es muy conocida por todos nosotros la forma en que Jehová Dios probó la fe de Abraham (Lea Génesis 22:1-24). Sabemos que Dios le ordenó a Abraham que le ofreciera a su hijo, su único hijo, Isaac en holocausto. La Santa Biblia nos enseña que Abraham no se rehusó a darle la vida de su hijo a Dios, sino que estaba dispuesto a agradar y obedecer a Dios, aunque lo que Dios le había mandado, estuviera en contra de toda lógica humana. Abraham amaba a su hijo Isaac, y como padre amoroso ofrecer ese holocausto sería lo más doloroso que él tendría que hacer en su vida. Abraham pudo haberle reclamado a Dios sobre el motivo por el cual Él le estaba pidiendo a su hijo en holocausto, pero no lo hizo, y si leemos la Biblia, Dios le había prometido a Abraham que le daría descendencia en Isaac. Eso lo podemos leer en Génesis 21:12:

Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.
(Génesis 21:12)

Abraham pudo haberle reprochado a Dios por qué Él le había prometido que le daría descendencia en Isaac y ahora le estaba pidiendo que matara a su hijo para ofrecérselo en holocausto. Sin embargo, Abraham, era un hombre temeroso de Jehová Dios, y no abrió su boca para blasfemar contra Dios, sino que fue obediente al mandamiento de Jehová, y esperó en Jehová. Lea detenidamente: ABRAHAM ESPERÓ EN JEHOVÁ. Abraham tenía plena confianza en su Dios, quien gracias al Nuevo Pacto establecido en la Sangre de Jesús, también es NUESTRO DIOS. Abraham confiaba plenamente en que Jehová proveería un cordero para ofrecer el holocausto:

Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
(Génesis 22:8)

Abraham esperó en Dios en medio de la prueba porque él sabía que Dios era todopoderoso para proveer un cordero para el holocausto, aunque en ese momento no podía ver ese cordero, que simbolizaba la respuesta de Dios al dolor de padre que sentía Abraham. Lo único que él miraba con sus ojos físicos era que todo estaba listo para ofrecer a su hijo en holocausto, pero Abraham sabía en quien había puesto su fe. Abraham no se quejó, ni mucho menos blasfemó contra el Nombre de Jehová su Dios, sino que él obedeció al mandamiento de su Dios. Él sabía que Dios tenía poder aun para levantar a su hijo de entre los muertos. Porque su fe estaba puesto en el Dios que creó los cielos y la tierra. La Biblia nos dice sobre Abraham:

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.
(Hebreos 11:17-19)

La Biblia nos confirma que todo lo que hizo Abraham lo hizo por la fe que él tenía en Jehová. Podemos ver que Dios en verdad honra a los que le honran. Dios no permitió que Abraham ofreciese a su hijo Isaac en holocausto. Jehová probó a Abraham y vio que en la vida de ese hombre había temor de Dios. La fe de Abraham fue honrada por Jehová, ya que Dios envió a su ángel para que detuviera a Abraham a fin de que no lastimara a su hijo, y Dios proveyó un carnero para que lo ofreciera en holocausto en lugar de su hijo Isaac. La Biblia nos dice:

Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
(Génesis 22:13-14)

Vemos que Abraham llamó el nombre de ese lugar: Jehová proveerá, que en hebreo es: Jehová-jireh. Muchas veces leemos la Biblia rápidamente sin meditar en la preciosa Palabra de Dios. Quizás hemos leído esta parte de la vida de Abraham descrita en Génesis 22:1-24, pero si leemos detenidamente y analizamos el contexto, veremos a un padre a quien Dios, para probar su fe, le ordenó que le ofreciera la vida de su único hijo en holocausto. Si eres padre de familia, sabes lo importante que es para ti el bienestar y la seguridad de tus hijos. ¿Cómo te hubieras sentido tú si te hubiera tocado estar en lugar de Abraham? Es fácil leer la Biblia ahora que ya está escrita, y cuando muchas veces ya conocemos el desenlace de las historias de los hombres a quienes Dios usó como instrumentos. Sin embargo, el objetivo de que la Biblia contenga las pruebas y momentos difíciles de los siervos del Señor es para que también nosotros aprendamos a poner toda nuestra confianza en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob: Jehová el Dios Altísimo, y cuando nuestra fe sea probada por Dios (1 Pedro 1:6-7), permanezcamos firmes confiando en Cristo Jesús, para que cuando Cristo venga nos halle velando y orando, perseverando en su Palabra, con nuestra copa rebosando (Salmos 45:1-3) en alabanza y adoración a nuestro Rey, Señor, y Salvador Jesucristo. ¡Aleluya!

La prueba del padre Abraham debe servirnos de ejemplo a nosotros, para que también nosotros aprendamos a imitar su fe, para que en el momento de la prueba, también nosotros podamos decir Jehová-jireh, Jehová proveerá. Aunque en ese momento difícil no veamos la respuesta del Señor, y todo lo que hay a nuestro alrededor nos diga que estamos solos. Aunque no haya nada para comer ni beber en nuestro hogar, si nuestra fe está puesta en el Dios de Abraham sabremos y confiaremos en que el Dios de Abraham también es nuestro Dios, que Él está ahí con nosotros, y que Él es nuestro proveedor. Insisto en esto: Dios honró la fe de Abraham, y honrará tu fe si aun en medio de la escasez, de la enfermedad o del desierto espiritual, siempre hay una alabanza en tu boca para el que está sentado en el trono y para el Cordero. ¡Alabado sea Jesucristo para siempre!

Hay algo que Dios ha dejado muy claro en su Palabra: Dios quiere que aprendamos a depender de Él a cada instante y cada día de nuestras vidas. Dios quiere que tengamos dependencia total y absoluta de Él. Jehová se glorifica en un hombre y en una mujer que es humilde de corazón y acepta que sin Jesús nada es, y nada puede hacer sin Él. La voluntad de Jehová es que reconozcamos la grandeza y la majestad de Jesucristo y que dependamos de Él cada día. ¡Aleluya!

En las Sagradas Escrituras, desde el Antiguo testamento vemos cómo Jehová Dios exigía que su Pueblo Israel tuviera total dependencia de Él. Por ejemplo, cuando el Pueblo de Israel estaba en el desierto, Dios le ordenó a Moisés:

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.
Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día.
(Éxodo 16:4-5)

La Biblia nos enseña que antes de que Jehová Dios enviara el maná para su pueblo, le ordenó a Moisés que el pueblo saliera a recoger el maná diariamente, pero le especificó que el pueblo debía recoger únicamente la porción de UN DÍA. Dios quería que el pueblo de Israel dependiera de ÉL cada día. Dios no quería que el pueblo amontonara o almacenara el maná para que luego se envaneciera y llegara a creer que no necesitaba más de Dios. Jehová probó la fe de su pueblo para ver si andaba en su ley, o no. El propósito de Jehová era que el pueblo de Israel pusiera su fe en Él cada día de sus vidas creyendo que Jehová proveería su sustento diario. Jehová quería que su pueblo entendiera que Él sería su proveedor: Jehová-jireh (Jehová proveerá). La Biblia también detalla sobre el maná provisto por Dios a Israel:

Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.
Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés.
Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.
(Éxodo 16:19-21)

Vemos que lamentablemente algunos no le creyeron a Dios, no quisieron depender de Jehová cada día y guardaron del maná para otro día, pero por la desobediencia y la falta de fe en Jehová, el maná que había sido guardado para otro día se descompuso. Asimismo, vemos que cuando el sol calentaba, el maná se derretía para que Dios se glorificara enviando el maná necesario para cada día.

Lo que hicieron algunos israelitas al no querer depender de Dios, desconfiando de esta forma de la promesa que Jehová le había hecho a su pueblo de que Él proveería el maná, y desobedeciendo su mandamiento, es lo mismo que vemos en la Iglesia del Señor hoy en día. Tristemente muchos hermanos no creen que Jehová es su proveedor, y cuando tienen alguna necesidad, claman al Señor, y si la respuesta no llega en el momento que ellos quieren, se desesperan, desconfían del Señor, su fe desfallece y recurren a métodos humanos para salir del problema. Es lamentable que la Iglesia del Señor a veces confíe más en un banco o en una microfinanciera para suplir sus necesidades en lugar de clamar al Dios viviente, Jehová de los ejércitos. La Iglesia del Señor no quiere creer que Jehová proveerá (Jehová-jireh). La Iglesia no quiere esperar la respuesta de Jehová.

En el “evangelio moderno” que predican los falsos profetas y falsos maestros, se enseña que Dios es una especie de  “genio” y que debe complacer nuestros deseos en nuestro tiempo y a nuestra manera. Pero la Iglesia que ama y guarda la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo sabe que debemos esperar la respuesta del Señor en el tiempo del Señor y a la manera del Señor. ¡Bendito sea el Nombre de Jesucristo!

En el Nuevo Testamento, nuestro amado Señor Jesucristo también nos enseñó que cada uno de nosotros debíamos depender de nuestro Padre Celestial cada día de nuestras vidas. En Mateo 6:9-13, cuando Jesús enseñó sobre la oración, podemos observar que Jesús quiere que aprendamos a depender de Dios Padre cada día. La Biblia nos dice:

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
(S. Mateo 6:9-11)

Vemos que Jesús, el Hijo del Dios viviente, en su oración dijo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. En esta oración Jesús nos enseñó que debíamos orar a Dios cada día, y pedirle al Padre de las luces que tuviera misericordia de nosotros y nos diera el pan que necesitamos a diario para poder vivir. Jesús hizo énfasis en la dependencia que todos tenemos de Dios diariamente, por eso dijo “dánoslo hoy”. Jesús no nos enseñó a orar como los falsos profetas y falsos maestros enseñan al pueblo de Dios actualmente; Jesús no nos enseñó a orar a Dios para pedirle que nos hiciera millonarios o “autosuficientes”. Jesús nos enseñó a depender de Jehová el Padre cada día, para que Dios sea el que se glorifique supliendo todas nuestras necesidades, porque Él es nuestro proveedor: Jehová-jireh, Jehová proveerá. ¡Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo! ¡Aleluya!

¡Mi alma se goza en nuestro Señor y Salvador Jesucristo! No sé cuál sea tu necesidad, no sé si es espiritual, física o económica, pero te exhorto en el Nombre de Jesús, a que deposites tus cargas en el Señor, confíate enteramente en sus manos, pon tu fe en el Dios que hizo los cielos, la tierra y el mar, no dudes de su poder, y Él hará, Él proveerá, Jehová-jireh. ¡Aleluya!

Jehová nuestro Dios es soberano, no hay límites para su poder. Para Dios no existe lógica ni explicación humana que lo limite. Por ejemplo: Desde que éramos niños nos enseñaron que la principal característica de las matemáticas es su exactitud. Por ejemplo: En matemáticas, cinco más dos son siete. No existe otra respuesta. Pero para Jesús, el Cordero de Dios, el Todopoderoso, cinco panes, y dos peces es lo que Él quiere que sea. Cinco panes, y dos peces es suficiente para alimentar a cinco mil personas, y Él es poderoso para hacer que todavía sobre alimento, porque nada, absolutamente nada hay imposible para nuestro Rey y Salvador Jesucristo. ¡Bendito sea el Nombre de Jesucristo! La Biblia nos dice:

El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces.
Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.
Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.
Y comieron todos, y se saciaron.
Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces.
Y los que comieron eran cinco mil hombres.
(S. Marcos 6:38-44)

Ciertamente nos ha tocado vivir en tiempos hostiles. El aumento del conocimiento y la tecnología hace que todo se mueva con mucha más rapidez que hace 50 ó 60 años. Estamos viviendo en tiempos muy competitivos y demandantes, y cuando la fe de un hombre o una mujer no está puesta en el Señor, todo esto tiende a ahogarlo espiritualmente. Al extremo que piensa que depender de la misericordia de Dios no es suficiente, sino que debe darle su vida entera a su trabajo para poder subsistir. Por tal razón, a muchos cristianos les está pasando lo de la semilla que cayó entre espinos que Jesús mencionó en la Parábola del Sembrador (Lea S. Marcos 4:1-20), el afán los está ahogando. Trabajar no es pecado, es una bendición de parte del Señor tener un trabajo, pero qué triste es cuando un trabajo o un negocio ocupan el lugar de Dios. Tal vez estás pensando: “Pero debo trabajar y darle casi todo mi tiempo a mi trabajo, porque de lo contrario me despedirán”. Sin embargo, los versículos bíblicos que hemos estudiado hasta ahora, nos han enseñado que nosotros no dependemos de un trabajo, sino de Dios, y si clamamos al Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, Él proveerá una respuesta, una salida; Él hará algo para que podamos honrarlo con nuestro tiempo, para que podamos congregarnos y servirle. Jehová proveerá, Jehová-jireh.

Doy gloria a Dios por la enseñanza que hay en los versículos que leímos antes en S. Marcos 6:38-44. Vemos que desde el punto de vista lógico, no había suficiente comida para alimentar a cinco mil personas, pero el Maestro, nuestro Señor Jesucristo, en medio de esa situación de escasez, les mostró a todos que en Él verdaderamente podían encontrar descanso, aun cuando todo indicaba que no había una solución aparente para el problema. Jesús con amor y con toda autoridad mandó que la gente se recostase sobre la hierba verde (S. Marcos 6:39), símbolo del descanso que todos nosotros podemos tener en su Presencia. Jesús le estaba enseñando a la gente a que esperara en Dios, que descansara en su Presencia, porque Jehová, el Padre Celestial proveería, y Dios Padre se glorificó en su Hijo, Jesús nuestro Señor, y proveyó alimento para todos. ¡Bendito sea el Nombre de Jesucristo!

Dios quiere que tengamos dependencia total de Él. Hay promesas hermosas y maravillosas que Dios ha declarado en su Palabra para la Iglesia del Señor. En el Nuevo Testamento, también la Iglesia puede afirmar confiadamente que Jehová proveerá, Jehová-jireh. El apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo de Dios, dijo:

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.
(Filipenses 4:19-20)

Dios tiene cuidado de sus hijos. Dios cuida a todo aquel que ha aceptado a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. A todo aquel que ha decido consagrar su vida a Cristo y guardarse en Santidad para Él. A toda aquella persona que no niega el Nombre de Jesucristo en la hora de la prueba. Dios ha prometido que Él proveerá todo los que nos falte conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. ¡Aleluya!

Aprendamos a depender de Dios en todo tiempo. No te dejes seducir por las falsas doctrinas que muchos falsos profetas y falsos maestros están introduciendo en las Iglesias cristianas, que te dicen que si no eres rico económicamente estás bajo maldición. Muchos de estos falsos profetas y falsos maestros, lobos rapaces, están estafando a miles de hermanos, quienes por su falta de conocimiento de las Sagradas Escrituras, están pereciendo al caer en los engaños de estos hombres. Estos lobos rapaces enseñan al pueblo que la única forma de que Dios provea para sus necesidades es si los hermanos “siembran” en sus “ministerios”. Sin embargo, lo peor de todo es que por culpa de estos ministros apóstatas de la fe, millones de miembros de iglesias en todo el mundo están afanados y apresurados por enriquecerse, ya que para ellos la prosperidad económica es un símbolo de que Dios está con ellos. Mucha gente está engañada tratando de enriquecerse y olvidándose del amor a Dios y al prójimo, y de la Santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

La Biblia, como ya hemos estudiado, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento, no nos manda a que le pidamos a Dios que nos haga millonarios como señal de que Dios está con nosotros. La Biblia entera nos enseña que toda persona que es de la fe de Jesucristo, debe ser humilde y aceptar su dependencia de Dios. La Palabra de Dios nos manda a vivir por fe y no por vista, confiando en que Jehová proveerá todo lo que nos haga falta, sea espiritual, físico o económico. Jehová proveerá. Jehová-jireh.

Todos conocemos la definición de fe:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
(Hebreos 11:1)

También sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Si Dios proveyó un carnero para que Abraham ofreciera el holocausto, si Dios le dio maná a su pueblo en el desierto, si Dios se glorificó en su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, al multiplicar los panes y los peces, y si ese Dios nos ha adoptado para que seamos sus hijos (S. Juan 1:11-13), y además ha prometido cuidarnos (S. Mateo 6:25-34) ¿Por qué desconfiar de Él? ¿Por qué creerle más a un falso profeta o falso maestro que te dice que sólo por medio de su “ministerio” Dios te proveerá lo que necesitas? ¿Por qué afanarnos tratando de hacernos ricos para después creernos autosuficientes? Todo esto tiene una respuesta: Falta de fe en Dios. Cuando no hay fe en que Jehová es nuestro proveedor y que Él cuida de nosotros, entonces el hombre trata de ser su propio proveedor, se esfuerza por hacerse rico para encontrar descanso y regocijo en sus riquezas  (S. Lucas 12:13-21) y no en Jesucristo. Pero cuando nuestra fe está puesta en Jesucristo, entonces creemos que Jehová proveerá, Jehová-jireh. Confiamos en la Palabra que el Salmista, inspirado por el Espíritu Santo, declara sobre su experiencia personal:

Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan.
(Salmos 37:25)

Cuando nuestra fe está fundamentada en Cristo, la Roca de nuestra salvación (S. Lucas 6:46-49), confiamos plenamente en Dios y sabemos que Dios nos cuida, nos guarda y que Él mismo se encargará de suplir todo lo que nos haga falta. ¡Alabado sea el Nombre de Jesucristo!

Representantes del falso evangelio de la prosperidad

Hoy en día se predica mucho sobre “el éxito”. Sin embargo, en la Biblia no aparece esa palabra. Si analizamos esto, veremos que lo que el hombre considera “éxito”, Dios lo desecha. Para el hombre, ser exitoso, tener plenitud en su vida, es tener una buena casa, un carro de lujo, ropa fina, cuentas bancarias, etc. Y si hablamos de los ministerios, los falsos profetas y falsos maestros enseñan que tener “éxito” es tener una mega-iglesia (congregación con miles de miembros), tener el mejor edificio, tener renombre internacional, aunque para lograr todo esto tengan que vender la Palabra, y usar métodos de hombre como el uso de la psicología en las prédicas, y ritmos mundanos y sensuales como el reggaetón en los púlpitos y los altares para atraer miembros.

No obstante la Palabra de Dios nos enseña cosas completamente diferentes. Dios no quiere que su Iglesia dependa de sí misma. No es la voluntad de Dios que la Iglesia de Jesucristo se crea autosuficiente como la Iglesia de Laodicea (Apocalipsis 3:14-22), quien creía que por su bienestar y su riqueza material no tenía necesidad de nada. Dios ordena que dependamos de Él cada día, y que toda persona que ama la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo se aparte de toda avaricia:

Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
(S. Lucas 12:15)

Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré
Lo que me pueda hacer el hombre.
(Hebreos 13:5-6)

Dios proveerá todo lo que nosotros le pidamos, siempre y cuando lo que le pidamos SEA CONFORME A SU VOLUNTAD:

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.
(1 Juan 5:14-15)

Dios suplirá toda necesidad que tengamos. Es importante que aprendamos que Dios proveerá lo que nos hace falta, pero Dios no proveerá lujos, ni cosas que pidamos para alimentar nuestro ego y jactarnos en su Presencia. Por eso, la Biblia enseña claramente:

Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
(Santiago 4:2-3)

No te dejes engañar por esas falsas doctrinas que te enseñan solamente a confesar que “hoy se activa la bendición en tu vida”, que “la bendición ya viene en camino” sin importar cuál sea tu condición espiritual, pero los que predican solamente de la bendición, no te enseñan que para recibir la bendición, para que Jehová provea lo que nos hace falta, es necesario que tú y yo estemos a cuentas con el Señor. No podemos pedirle algo a Jehová Dios y esperar que Él nos responda si andamos en pecado delante de su Presencia, así que antes de presentar nuestras peticiones delante del Señor, escudriñemos nuestros caminos (Lamentaciones 3:40-42), volvámonos a Jehová de corazón y busquemos su rostro en la hermosura de la Santidad, y Él proveerá. Pongámonos a cuentas con el Señor, y Él será propicio a nuestros pecados:

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
(Isaías 1:18)

Hermanos y hermanas en Cristo Jesús. El sonar de la Final Trompeta está muy cerca. Cristo pronto vendrá por su Iglesia. Una Iglesia pura, sin mancha ni arruga ni cosa semejante (Efesios 5:25-27). Una Iglesia que ama a Jesús no por lo que Él le puede dar, sino por lo que Jesús es: El Rey de reyes y Señor de señores. Una Iglesia limpia de toda jactancia, altivez y vanagloria que ha aprendido a confiar y a depender de Jehová Dios cada día. Una Iglesia a quien no le interesa ser rica económicamente, sino que espera en el Señor cada día, sabiendo que Jehová proveerá, Jehová-jireh.

En el Nombre de Jesús te exhorto a que salgas del falso evangelio de la prosperidad material, y empieza a confiar en Jehová nuestro Dios cada día, hasta que Cristo venga o nos llame a su Presencia. Si has estado buscando al Señor de una forma interesada, pídele perdón al Señor, y empieza a buscar el rostro del Señor, no solamente por lo que Él te puede dar, sino por lo que Jesús es: El Hijo del Dios Altísimo, el Cordero de Dios, El Alfa y la Omega, el principio y el fin, el Dios Todopoderoso. ¡Bendito sea el Nombre de Jesucristo para siempre!

Me despido recordándoles las Palabras de nuestro Señor Jesucristo:

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
(S. Mateo 6:31-34)

Sigamos orando y velando porque Cristo pronto viene por su Iglesia. Amén.

Les ama en Cristo,

Hno. Diederik Maynard

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7 Respuestas a “Jehová-Jireh

  1. Dios lo bendiga hermano. Muy bendicido el estudio. Muchas bendiciones y gracias a Dios porque le ha dado una hermosa sabiduría. Nos estaremos comunicando pronto.

    • ¡Amén! Me gozo en nuestro Señor Jesucristo al saber que este mensaje ha sido de bendición para su vida. ¡Toda la gloria sea para Jehová nuestro Dios! ¡Que la paz de Cristo Jesús esté con usted y su familia! Saludos, Hno. Diederik Maynard

  2. Un mensaje inspirador y de retorno a las raíces de nuestra Fe. En Jehová confiaré y en Él esperaré. Me ayudó mucho. Gracias.

  3. Muy interesante, y uno aprende que solamente dependemos de Dios. Quisiera recibir mas seguido los mensajes, si fuera posible.
    Gracias

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