Una Generación de Gente Enojada

Hoy en día, tristemente muchas personas, jóvenes y adultas, viven constamente enojadas.

Tristemente hoy en día, muchas personas, jóvenes y adultas, viven constantemente enojadas.

El diccionario define el enojo como: “Un sentimiento de ira o enfado.” En plural (enojos) también significa: “Molestia, disgusto, y pesar.” Nos ha tocado vivir en los postreros tiempos, los cuales también son tiempos de gente enojada. Basta caminar por las calles, abordar un autobús, o hablar con alguien, para comprobar que mucha gente vive con enojo: Enojados contra Dios, sus familias, sus vecinos, sus negocios, sus gobernantes, su país, etc.

Bíblicamente el enojo permanente no es sólo un sentimiento, sino que es considerado una condición espiritual. La Biblia nos enseña:

 “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.” (Eclesiastés 7:9)

El enojo reposa en el seno de los necios.

El enojo reposa en el seno de los necios.

Cuando hay alguien que la mayoría del tiempo está enojado se debe a que el enojo reposa (otras versiones dicen “se ha anidado”) en su seno, es decir, en sus adentros, en su corazón. Es comprensible que la gente que no se ha entregado a Cristo viva enojada, ya que ellos no tienen al Espíritu Santo morando en ellos (Juan 14:16-17). Lo que no es aceptable es que la misma condición de fácil o permanente enojo exista en la Iglesia de Cristo, la cual está conformada por gente que ha sido lavada por la sangre de Jesús, el Cordero de Dios (1 Pedro 1:18-21). Pareciera imposible que tantos pero tantos cristianos digan amar a Dios, se congreguen, canten alabanzas, prediquen, y hagan un montón de cosas con enojo en su corazón, pero es una realidad latente en la Iglesia.

El profeta Jonás es un gran ejemplo de un siervo de Dios que tenía enojo arraigado en él. Sabemos cómo Jonás se negó a obedecer a Dios (Jonás 1:1-3), y cómo Dios lo llevó al arrepentimiento (Jonás 1:4, Jonás 1:17, Jonás 2:1-10). Una de las cosas que más me impacta de la historia de Jonás es primeramente la inmensa misericordia de Jehová nuestro Dios, pero también el hecho de que todo el capítulo 4 de este libro esté dedicado al enojo de Jonás. La Biblia nos dice:

Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó.” (Jonás 4:1).

...Mucho me enojo, hasta la muerte.” (Jonás 4:9)

…Mucho me enojo, hasta la muerte.” (Jonás 4:9)

Jonás se había enojado muchísimo porque Dios había decidido no destruir a Nínive. El enojo de Jonás consistía en que al no cumplirse el juicio anunciado por él en Nínive, él podría ser considerado un falso profeta (Deuteronomio 18:21-22). Jonás se había enojado mucho de forma egoísta, ya que con su enojo mostraba que él hubiese preferido que toda la Ciudad de Nínive con sus habitantes hubieran sido destruidos con tal de él poder ostentar el título de “profeta infalible de Dios.”

 “Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?” (Jonás 4:4).

Jonás permaneció muy enojado. Él aun se enojó porque Dios había creado y destruido una calabacera:

Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte.” (Jonás 4:9).

El hermano del hijo pródigo también se enojó al ver el amor y perdón que éste había recibido de su padre.

El hermano del hijo pródigo también se enojó al ver el amor y el perdón con que su padre había recibido de nuevo a su hermano (Véase Lucas 15:28)

Jonás se había convertido en el “profeta enojado”. Así como Jonás, tristemente hay mucha gente, incluso siervos de Dios, que viven enojados. Unos se enojan con mucha facilidad y otros ya han tomado el enojo como un estilo de vida. Jonás se enojó porque su título de profeta estaba en riesgo, pero aún en nuestros días hay quienes se enojan cuando un pecador o alguien que había caído de la gracia de Dios es perdonado y restaurado por Dios (Lucas 15:25-28). Otros se enojan porque Dios empieza a usar a sus hermanos como instrumentos (1 Samuel 18:6-9), otros también se enojan porque consideran que sus hermanos no son tan espirituales ni tan firmes en la fe “como ellos lo son”, lo cual está en contra de la Palabra de Dios, la cual nos manda:

soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Colosenses 3:13).

La Biblia no nos dice: “Enojándoos unos con otros”, sino “Soportándoos y perdonándoos unos a otros”. Pero los cristianos de estos últimos tiempos quieren tomar sólo las partes de la Biblia que les convienen o les agradan, y siguen congregándose sin saludarse ni hablarse con sus hermanos, haciendo cosas por contienda y vanagloria para supuestamente servir a Dios (Filipenses 2:3), creyéndose superiores a sus hermanos (Romanos 12:3), viven muy enojados porque piensan que solamente sus hermanos son imperfectos, pecadores e hijos del diablo, y con paja en su ojo, no atreviéndose ellos mismos a ver las vigas que están en sus propios ojos (Mateo 7:3).

Muchas congregaciones cristianas se han convertido más en cuevas de gente enojada entre sí, que en casas de oración y exaltación a Dios.

Muchas congregaciones cristianas se han convertido más en cuevas de gente enojada entre sí, que en casas de oración y exaltación a Dios.

Pregunto yo: ¿Acaso la gente que vive enojada en contra de sus hermanos piensa que se irá con Cristo en el Arrebatamiento de la Iglesia? ¿O acaso piensan que habrá un cielo exclusivo para ellos que se creen perfectos y un cielo diferente para los otros hermanos que no son tan “perfectos” como ellos? Por supuesto que no, ya que aquella persona que no le pide a Cristo que le ayude a deshacerse de ese enojo impulsivo y carnal ni siquiera volará hacia Cristo en el Arrebatamiento. Así que, entrégale hoy tu mal carácter y enojo a Cristo Jesús, y descansa en Él (Mateo 11:28-29).

La gente enojada casi siempre es maldiciente porque el sol se ha puesto sobre su enojo (su enojo se anidó en ellos) y le dieron lugar al diablo (Efesios 4:26-27). Maldiciente es quien profiere maldición o difamación en contra de algo o alguien. El cristiano enojado se vuelve maldiciente, dice malas palabras como cuando estaba en el mundo, se queja de todo, murmura en contra de sus hermanos y hasta los denigra, quedando expuestos ellos mismos a ser condenados en el infierno.

Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” (Mateo 5:22)

Por eso dice la Biblia que los injustos y maldicientes no heredarán el reino de Dios:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9-10).

Si queremos ser perdonados por Dios, debemos dejar el enojo y perdonar a nuestros semejantes primero (Mateo 6:14-15)

Si queremos ser perdonados por Dios, debemos dejar el enojo y perdonar a nuestros semejantes primero (Mateo 6:14-15)

Siendo nosotros seres humanos, en algún momento experimentaremos el enojo, no constituyendo un pecado en nuestras vidas si éste es pasajero (Efesios 4:26-27). El pecado inicia cuando el enojo no es un sentimiento pasajero, el cual termina al reconciliarnos con nuestros hermanos (Mateo 5:23-24), sino que se anida en nosotros provocando que nos irritemos fácilmente por todo, y que digamos y cometamos locuras que no corresponde a personas cristianas (Proverbios 14:17).

Si estás esperando a Cristo, debes saber que Dios está en contra de la gente que se enoja fácilmente o que sólo vive enojada, la Biblia llama a éstos “iracundos” (Proverbios 15:18, 21:19, 22:24, 29:22, Tito 1:7). El que se enoja con facilidad o vive enojado todo el tiempo se convierte en injusto delante de Dios, porque éste, en su enojo, dirá y cometerá cosas injustas (Santiago 1:19-20) que lastimarán a sus semejantes y aun cosas que provocarán la ira de Dios en contra de él (Números 12:1-16).

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. (Efesios 4:31)

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. (Efesios 4:31)

Pídele a Jesús en ayuno y oración que cambie tu carácter. No seas como Jonás, no te enojes contra tus hermanos permanentemente. Ora por ellos y sopórtalos con amor como Cristo te soporta a ti (Efesios 4:32). Cristo Jesús hace nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:5), aun tu corazón lo puede hacer nuevo, y Él te ayudará si se lo pides, para que cuando Él venga por su Iglesia, no te quedes por estar enojado; sino que todo tu ser sea irreprensible para volar hacia Cristo en el Arrebatamiento de la Iglesia ¡Amén!

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tesalonicenses 5:23)

Les ama en Cristo,

Hno. Diederik Maynard

Blog JESUCRISTO te llama HOY

Managua, Nicaragua.

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